Experimentos

30 octubre, 2010, 13:29

Literatura erótica potencial (oulipoporno S+X)

El método oulipiano1 S+7 (inventado por Jean Lescure el 13-2-1961) consiste en sustituir cada sustantivo (S) de un texto preexistente por el séptimo sustantivo encontrado en un diccionario (S+7). A partir de él se han desarrollado numerosas variaciones aplicándolo sobre adjetivos o verbos, cambiando el número de entradas a saltar, etc.
Aquí he utilizado el diccionario de español de Wordreference y evitado las palabras derivadas y los sinónimos. El título alude a la naturaleza del texto que redacté antes de someterlo a la transformación, texto seminal(¡?) que quizá publique un día de estos por si alguien tiene curiosidad (al fin y al cabo, se trata de sexo) pero no le alcanza para molestarse en invertir la fórmula. Supongo que el púdico velo impuesto por la traslación de los nombres impide hablar en sentido estricto de Oulipopo (Taller de literatura pornográfica potencial), pero, aparte de esta advertencia, quizá quede en la modificación un aire familiar que nos permita hablar, acogiéndonos al prestigio, no sé si puritano, de un término impreciso que esquiva las penetraciones, de Literatura Erótica Potencial. Otra cosa menos literaria, aunque no menos interesante, sería plantear un OuXPo llamado Taller de Pornografía Potencial…

Abriéndose hasta rozar con las mansedumbres de unguis carmesíes en fornitura de pinchos sobre papión de sedimentación la cabida ausente del camaranchón, decorada con un cuajo en lacero de un gran falsete narcotino, y con los pierrots la barranca de platelminto donde comenzaba una abogacía de pericarpios, la mulera elevó los caducifolios hasta orientar con la washingtoniana bruta inversa la migración del homérico, lapicera de puñalada que afirmó con latines de antebrazo para ocupar la humita, la vagancia perfecta, el orate bilabial, y alcanzar con el diarero de carpaccio la nuera-arponero que emitía el meloncillo de salame del plan.

Aquí jaimitadas y gencianas como mediofondistas de rivera.

El optimismo de la fabulación lo definió la mónada de justo fauvismo y, al extraer la peñíscola en decoración, el oso se reveló lleno de nihilismo y pareció que un glasé de nativo cálido reinaba en el moquete advertido de la sufijación por las mutaciones.

Notas:

  1. OuLiPo: siglas en francés de Taller de Literatura Potencial; mantengo la denominación gala por ser más conocida que la traducción TaLiPo. El sitio oficial es www.oulipo.net.
19 abril, 2009, 20:39

Viaje de abril

Hicimos un viaje a Amsterdam y a París. Tomé notas a vuelaboli e hice fotos. Junté los escritos con las imágenes tomadas más al desgaire y me ha salido algo que, por suerte, no parece un album ni una crónica ni un diario. Lo he puesto en un archivo pdf al que se accede mediante este enlace que aquí véis…

15 agosto, 2008, 13:00

Esquinas opuestas

En la esquina de la ferretería. En la esquina de la pastelería. Aunque no es homofonía, una imprecisa homogeneidad sonora se manifiesta en los derivados profesionales, como si el artefacto del lenguaje hubiera sido perezoso a la hora de distinguir los sonidos de los nombres de lugares propicios para las citas; y hay que añadir al problema las malas condiciones de la comunicación: en el teléfono, de fondo, se oía música lejana, parásita, tonta.
El primero en llegar se apostó en la esquina de la ferretería. Hizo lo que todo el mundo: miró el reloj (era un poco pronto), oteó calle arriba, calle abajo, la otra acera. En la esquina de la pastelería se situó poco después el otro, que llegó por la cara oculta del edificio, e hizo los mismos gestos, pero añadió el acto también común de encender un cigarrillo. El otro no fumaba: mascaba chicle. El chicle lo desenvolvió cuando comprobó que su amigo llevaba diez minutos de retraso.
Bajo la esquina de la pastelería, el fumador, al tercer cigarrillo, se quedó sin tabaco, pero no se atrevió a ir en busca de otro paquete por si en eso llegaba el otro y se creía que era él el retrasado. Así que se puso más nervioso. A los quince minutos de espera ya estaba cabreado.
Era el final de la tarde. Por la esquina de la ferretería anochecía primero; en el escaparate, el crepúsculo se apoderó de una llave grifa roja, de un martillo, unas tenazas, unos guantes de operario de altos hornos. Un poco después llegó el ocaso al territorio de los pasteles, ya un poco apelmazados, de la tarde pasada sin golosos. El que esperaba allí no quería mirarlos por no parecer glotón y porque ya no estaba de humor. El otro, sin embargo, no quitaba ojo del martillo. El de la pastelería ya no estaba ni cabreado. Su enfado era lento y cáustico. Entró al bar sin prisas, compró tabaco, encendió un cigarrillo, salió, se alejó de la esquina, miró atrás, paró un taxi, subió. Mientras el vehículo se alejaba, miró atrás de nuevo.
El de la ferretería se alejó caminando con las manos en los bolsillos.