Mujer con teléfono móvil

Los reporteros suelen fotografiar esos intentos desesperados de alcanzar las redes de la sociedad postindustrial, un espectáculo que viene muy bien para completar los telediarios.

Valla de cuatro metros de altura en el Puerto de Santander para impedir el paso de inmigrantes polizones | RPLl.

Artículo publicado en logo_eldiarioescan

Feliz Año Nuevo

Feliz 2017

Tertulia con oropéndola

Un día, avanzada la primavera, llegó S. empeñado en que había visto una oropéndola (Oriolus oriolus), ese ave de plumas doradas que no debe de ser un pájaro cualquiera. Se la había topado al abrir la ventana, hacia el mediodía, en una rama del árbol de enfrente de su casa.
-Improbable -dijo el que sabía de pájaros.
Según la wikipedia, su plumaje dorado hace frecuente que se la confunda con destellos solares. Destellos solares anidados: un concepto literariamente efectista, pero que no lleva a ninguna parte y deja a un personaje sumido en la duda. La oropéndola es inteligente, escurridiza, inquieta, lo mismo vuela alto que salta de rama en rama. No debe de haber ave más imprevisible.
-Hay miles con esa conducta -incordia el ornitólogo.
Después de desconcertar a S., la oropéndola desdeñó el árbol que estaba investigando al decimoséptimo cambio de quima, sobrevoló la carretera donde las ondas del asfalto parecían florear una roulade inconclusa, luego un prado con unas cuantas rotopacas de yerba ensiladas en polietileno negro (con tratamiento antirroedores), otro con una decena de bañeras convertidas en abrevaderos (la frustración de una urbanización cercana provocó un excedente), pero donde hace mucho que no hay vacas, y luego una explanada con media docena de infraviviendas alineadas en un orden riguroso, formando una calle que acaba en una farola (un poste con bombilla enrejada y electricidad robada) a la que alguien ha abrazado un espantapájaros que mezcla madera, poliexpán, tela, zunchos blancos y, para formar el pelo, bridas ratten multicolores. Al ave nada de eso le produjo el menor desconcierto.
-A la oropéndola no le afectan los espantajos. Es casi omnívora. Puede pasar de los sembrados si hay insectos.
Espantajo, espantapájaros, asustacuervos, simplemente espanto. De los nombres del muñeco patético salen todos los sinónimos de una solitaria silueta en medio de un campo. Paisaje que ahuyenta figuras. El espantapájaros es el amo del prado, pero nunca obtiene beneficios. El pájaro se permitió despreciarlo con un par de círculos burlones. Luego cobró altura hasta divisar a un lado la mar y al otro una columna de humo de neumáticos quemados. Un humo tan negro que parecía sólido.
S. insistía. Había visto lo que había visto.
-¿Hiciste fotos?
-No. Fue por sorpresa.
-Entonces, olvídalo. Los observadores de pájaros son como los pescadores: nadie cree en las descripciones de los peces que consiguen soltarse del sedal o les roban los tiburones.
Alguien preguntó si el mejor punto de avistamiento de oropéndolas no será un punto extremo real o imaginario, algo como el abismo Challenger o el momento en que corremos sin avanzar un instante antes de despertarnos sedientos.
-Esta tertulia degenera -dice el jugador de No-A recién llegado del festival de blues de Chiba.
En un súbito efecto especial, un ave paseriforme de unos 25 cm, propia de las regiones templadas del hemisferio norte, de cuerpo amarillo dorado y alas y cola negras, se coló aleve por la puerta, esquivó el ventilador tipo Corazón de las Tinieblas y fue a posarse sobre el hombro izquierdo de S., quien, lejos de mostrarse ufano, hizo como que no asistía a ningún prodigio.

Carnívora

VenusMe han regalado (¡gracias!) una planta carnívora. Es una Dionaea muscipula, más conocida como Venus atrapamoscas. Me resulta entretenido observarla.
Seguro que procede de un invernadero (ahora está en una maceta), pero sus antecesoras, en su hábitat natural, se arrastraban por las ciénagas de suelos pobres y lodosos.
Tiene unos brazos planos que acaban en hojas-trampas.
Parece ser que la evolución descartó millones de opciones hasta encontrar el éxito en estas pseudobocas de aspecto vagamente vulvar (la imaginación masculina trasladó su denominación al reino de Afrodita), rodeadas de cilios que dejan escapar las piezas demasiado pequeñas, de interior entre verde, rosado y rojo según la excitación luminosa y el grado de madurez, que se cierran en 0,1 segundos cuando unos órganos sensitivos convenientemente dispuestos en tres grupos de tres son estimulados según un código de seguridad que determina la validez de la presa y evita trabajos innecesarios: sólo si un pelo recibe dos contactos o dos pelos reciben sendos impulsos en un breve lapso de tiempo se activa el mecanismo. Se trata al parecer (he estado leyendo sobre ello; son lecturas de verano) de una “bomba de protones”, proceso aún no aclarado del todo por los científicos en el que intervienen intercambios de iones de hidrógeno, cloruro, lantano y calcio. Una onda eléctrica modifica la consistencia de las células de la hoja y provoca una reacción en cadena que cierra la trampa en dos tiempos (primero atrapa, luego confirma la presa) y activa la química de la digestión.
Es una planta paciente; si no caza, sobrevive con la vulgar fotosíntesis de la mayoría de los vegetales.
Requiere pocos cuidados, pero hay que procurar que la tierra en que arraiga no tenga nutrientes y que el agua con que debe estar siempre empantanada no tenga minerales. Es como si al acercarse al reino animal (esa feudal clasificación) tuviera que renunciar a los hábitos del otro lado de la frontera.
Una planta fronteriza, eso es. Estática, espera sus insectos. Todavía no he visto caer ninguno. Pero no tiene aspecto de hambrienta.

Feliz 2011

Feliz Futuro