La desesperación del lenguaje según Balzac

Giró penosamente la cabeza y miró furtivamente a través de su habitación, entonces llena de esos pintorescos efectos nocturnos que llevan al lenguaje a la desesperación y parecen pertenecer exclusivamente al pincel de los pintores de género. ¿Mediante qué palabras se pueden representar los escalofriantes zigzags que producen las sombras en desplazamiento, las apariencias fantásticas de las cortinas hinchadas por el viento, los juegos de la luz incierta que proyecta la mariposa en los pliegos del calicó rojo, las llamas que vomita un colgador cuyo centro rutilante semeja el ojo de un ladrón, la aparición de un vestido arrodillado, en fin, todas las rarezas que asustan a la imaginación en los instantes en que sólo tiene poder para percibir dolores y aumentarlos?

Honoré de Balzac. César Birotteau (1839).

Ver el texto original en francés.

Prospectiva siniestra

Acabados
los tiempos simples de la
Destrucción Mutua Asegurada,
sustituidos los bloques simétricos por imperios en disgregación, feudos en ascenso y reinos tribales hambrientos,
si no hay en lo que llamamos Norte u Occidente una reacción muy firme de sus habitantes que obligue a sus gobiernos y poderes
a dejar de imponer y apoyar en el resto del mundo gobiernos y poderes títeres y cómplices,
negociar con los países no industrializados una distribución justa de la riqueza y de la tecnología para el desarrollo,
reorganizar en todo el planeta los modelos de producción, consumo, comercio y explotación de la naturaleza,
entonces es muy posible que
la lucha por el dominio de las energías fósiles, de las tierras fértiles y de las materias primas en general,
el deterioro del ecosistema,
las oleadas demográficas,
la extensión del pánico
y el deterioro de las libertades
culminen en una multiplicación de los enfrentamientos armados hasta alcanzar un grado que podríamos denominar sin ápice de exageración
Tercera Guerra Mundial.
Anónimo. Libro de la Insoportable Perspectiva (Advertencia 3017) .

Los peligros del desempleo

En 1945 Hannah Arendt escribió en Culpa organizada y responsabilidad universal:

(…) La sociedad de cada época, a través del desempleo, frustra al hombre humilde en su actividad normal diaria y en su autorrespeto, le prepara para ese último estadio en el que asumirá sin rechistar cualquier función, incluso la de verdugo.

Arendt contaba una historia: un miembro de las SS es reconocido por un antiguo compañero judío del instituto cuando éste es liberado de Buchenwald. El judío se queda mirando a su antiguo amigo, y el de las SS dice: “Debes comprenderme, he estado cinco años en el paro. Pueden hacer lo que quieran conmigo”.

Greil Marcus. Rastros de Carmín (1989).

Invasiones

Ya son estereotipos las primeras impresiones de una invasión.
En las ciudades portuarias, la inminencia se percibe desde los tiempos clásicos como una calma inopinada de la mar, una ausencia de gaviotas y alcatraces y un amanecer límpido. Ya se sabe: presencias que acechan, que han llegado durante la noche o que esperan su momento más allá del horizonte.
En esas ocasiones, como cuando los veleros demuestran la esfericidad del planeta, se descubre que el horizonte no tiene nada de ideal ni de geométrico, sólo que ahora no es un escalón impertinente, sino una cortina de leyendas tan sólida como un muro.
Pero son más de nuestro tiempo las irrupciones de máquinas o de biotipos transgénicos.
De repente, uno dobla una esquina y se topa con un tanque, un castillo de metal con una máscara antigás en la torre del homenaje. O surgen del vacío resortes gigantes sembrados como dientes de dragón por un depredador intergaláctico que ha pasado siglos tramando aterrorizar a los terrícolas antes de zampárselos. (Ahora me acuerdo de aquel relato de Damon Knight en el que los extraterrestres venían equipados de un libro de cocina titulado Cómo servir al hombre.) O se mimetizan con los detritus de las aceras crecientes amebas hambrientas, de una simplicidad escalofriante, depositadas en los extrarradios de las ciudades por las gónadas de la gran flota estelar. O aletean caricaturas de grifos que se apoderan del aire y obligan a los humanos a recluirse en rascacielos y a no relacionarse más que mediante internet y los materializadores de materia inanimada.
O sobreviene cualquier vanguardia de otro ámbito poderoso asentado en nuestro miedo a ser esclavizados.
Detrás, en lugar seguro, lagartos, ectoplasmas, emperadores o reyes de las finanzas.