Queremos saberlo todo

Que pongan un gran vertedero virtual, un repositorio de acceso libre, y cuelguen ahí todo lo que pesquen en las cloacas.

Comediantes italianos (1720), de Antoine Watteau.

En el teatro, los de más abajo estamos siempre en el gallinero, que es el lugar más alejado del escenario, pero ahí, al menos, somos los de arriba por un rato.

El espectáculo suele ser ramplón, a nuestro gusto plebeyo y al de los villanos de la platea -clase media, dicen-, pero lo mejor es cuando se descoloca la tramoya, se desmantelan los bastidores y, quizá borracho el elenco desde la noche anterior, se disparan las morcillas. Entonces, algunos de los de abajo, formados en la cultura de la venganza y ahora subidos a nuestra percha, gozamos perversos sabiendo que andan por ahí cuatrocientos archivos grabados por una red de solucionadores y conseguidores desde la noche de los tiempos. Y queremos verlo y escucharlo todo, como los millones de documentos de WikiLeaks (en el ciberespacio siguen; no ha pasado nada, pero nos hemos reído un rato), aunque más gracia tenían los «te quiero, compa» y «estoy en la política para forrarme» de los peperos que se llamaban sobándose con palabras a lametones de contabilidades fractales, y no voy a hablar de los mensajucos de la realeza porque la ignorancia de la ley (mordaza) no exime de su cumplimiento.

Desde arriba, podemos bajar la mirada a donde sea, intuir lo que debe de ser vivir el mundo en perspectiva casi cenital. Quizá tengan razón los que dicen (pero les pagan por ello) que no estamos preparados para ese punto de vista tanto como los expertos que van a provocar la nueva crisis que ya anuncian, pero nos las arreglamos a nuestra manera yendo de lo global (Bolsonaro no se esconde hablando de mujeres y homosexuales y llamando guapa a una lesbiana para quedar bien) a lo local (hybris escupidora en supuestas grabaciones que al parecer nadie había oído y todo el mundo conocía en el ambiente irradiador con el que Podemos Cantabria quiere hacer un drama y le sale un esperpento malo), aunque luego la sabiduría no nos sirva de nada porque el que cobra obedece y la mayoría aplaude la obra original, promocionada hasta en la sopa.

Pero no todo es guasa: también se entiende algo desde abajo de tragedias personales y de cómo las nuevas tecnologías (en el gallinero algunos se toman esto muy en serio) cambian el paso del tiempo para que nada cambie y se aseguran el predominio de sus monólogos haciéndolos parecer accidentes o tertulias. Hay sitio aquí para la pena, no les quepa duda, mientras Charlot intenta orinar desde la balaustrada, que es, como quien dice, el borde del abismo.

En el vodevil, cualquiera se salva con un quiebro, pero jode saber que el periodista Jamal Khashoggi pudo haber grabado su asesinato a manos de los gorilas de la embajada saudí con un dispositivo de pulsera, y seguro que no pasa nada, aunque es inevitable arrastrar la memoria por el estiércol de las monarquías del golfo hasta esas fotos del jefe del estado en celebraciones con los jeques no sé si antes o después de retratarse con una emprendedora hiperbronceada, el cadáver de un elefante y las sombras danzarinas de un bungalow en Bostwana.

Queremos saberlo todo. Ustedes -ellos- lo saben todo de nosotros. Queremos saber lo necesario para entender los -presuntos- accesorios políticos y económicos de jolgorios, componendas, chantajes, apoyos mafiosos, coimas, comisiones, pagos en orgías, acuerdos en puticlús que dejarían chiquito al de ‘Airbag’ (este concepto es fundamental) y vaciles de ambigú que acompañan a las leyes, los decretos, sus infracciones y sus cumplimientos, todo lo callado, celebrado o consentido que, como anuncia el iceberg, forma parte del respetable espectáculo de poderes divididos (si no les convence, el fiscal se lo afina) salido de la Ilustración y que, al parecer, hay que redecorar cíclicamente para que los del gallinero no nos cabreemos hasta el punto de no retorno de las libertades o la disolución del engrudo social. Tengamos la fiesta en paz, que hemos venido a divertirnos y se nos está dando muy mal reparto, un repertorio aburrido y las entradas muy caras. Denle al énter y envíenlo todo a la nube: aquí arriba lo pillamos enseguida. Y los de la claque, que se callen o disimulen.

Queremos saberlo todo. Que pongan un gran vertedero virtual de acceso libre y cuelguen todo lo que aparezca, lo desencriptado y lo que no (ya surgirán turings que lo traduzcan), y que cualquiera pueda hacerlo con lo suyo y lo de otros (ya se entenderán los difamadores con los jueces; no se rían, que es peor). Y que instalen puntos de acceso a la e-alcantarilla en todas las esquinas. Quien no quiera, que no mire, pero algunos demandamos nuestro gallinero en la red para poder siquiera atisbar el -supuesto- tinglado cleptohistriónico de los desaprensivos demiurgos del telar.

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La carreta del vendedor de biblias y crecepelo

Recientemente se ha celebrado en nuestra localidad un evento que se presentaba como «Foro orientado a profesionales del sector de las redes sociales, comunicación online, e-Commerce, así como emprendedores digitales». Al parecer, era el «acto social media» más importante del Norte de España. Lo patrocinaba y publicitaba con muchos vídeos y fotos el diario local de más difusión. Los asistentes (entre los que no faltó uno que se permitió citar a Orwell, confundiendo quizá el Ministerio de la Verdad con el de la Rentabilidad del Cliché) fueron emitiendo a las ondas una serie de consignas que, en mi opinión, constituyen un buen muestrario de la persistencia de la charlatanería tradicional y del estilo de los predicadores entre los vendedores de teléfonos, tarifas y rituales para la invocación de providencias. He aquí una pequeña selección.

La democracia del Karma conquista la red
Las máquinas se conectarán entre sí en la Internet del futuro
Debemos hablar el lenguaje de los demás
El 46% de los profesionales no saben cómo obtener conocimiento de Internet
La web no ha muerto pero será una pantalla complementaria
Advierten del peligro a quienes no inviertan en reputación digital
La tecnología móvil tiene un 63,2% de penetración en la población
Queríamos cambiar la forma de jugar y estamos cambiando el mundo
El cine es demasiado caro como para no pagar por él
… una herramienta que permite ver detrás de las estadísticas
La verdad siempre vende en Internet
No hay que poner resistencia, nos estamos transformando
Queremos crear comunicación entre empresas y clientes
Geosocialización, o la manera de contar dónde estás y compartirlo
Debemos hablar el lenguaje de los demás
A la gente le encanta jugar y tener gente a su alrededor
El crowdfunding es una forma de democratizar la cultura
Internet y revolución son ahora mismo sinónimos
En un futuro inmediato solo conectaremos con cinco marcas, seamos una de ellas
Las redes sociales son más ventajosas para el periodista que para el medio
El usuario quiere que la marca contacte con él
El usuario dicta ahora las reglas
La vida es política, por eso la gente quiere estar informada cada vez más de lo que pasa
Hay que escuchar la voz del cliente para captar su atención
Internet ha revolucionado el concepto de boca a boca de una película
Los mayores retos se encuentran en analizar las redes sociales
La gente va a tener que crearse su propio trabajo
No hay parados, sólo gente sin clientes