Literatura erótica potencial (oulipoporno S+X)

El método oulipiano[1] S+7 (inventado por Jean Lescure el 13-2-1961) consiste en sustituir cada sustantivo (S) de un texto preexistente por el séptimo sustantivo encontrado en un diccionario (S+7). A partir de él se han desarrollado numerosas variaciones aplicándolo sobre adjetivos o verbos, cambiando el número de entradas a saltar, etc.
Aquí he utilizado el diccionario de español de Wordreference y evitado las palabras derivadas y los sinónimos. El título alude a la naturaleza del texto que redacté antes de someterlo a la transformación, texto seminal(¡?) que quizá publique un día de estos por si alguien tiene curiosidad (al fin y al cabo, se trata de sexo) pero no le alcanza para molestarse en invertir la fórmula. Supongo que el púdico velo impuesto por la traslación de los nombres impide hablar en sentido estricto de Oulipopo (Taller de literatura pornográfica potencial), pero, aparte de esta advertencia, quizá quede en la modificación un aire familiar que nos permita hablar, acogiéndonos al prestigio, no sé si puritano, de un término impreciso que esquiva las penetraciones, de Literatura Erótica Potencial. Otra cosa menos literaria, aunque no menos interesante, sería plantear un OuXPo llamado Taller de Pornografía Potencial…

Abriéndose hasta rozar con las mansedumbres de unguis carmesíes en fornitura de pinchos sobre papión de sedimentación la cabida ausente del camaranchón, decorada con un cuajo en lacero de un gran falsete narcotino, y con los pierrots la barranca de platelminto donde comenzaba una abogacía de pericarpios, la mulera elevó los caducifolios hasta orientar con la washingtoniana bruta inversa la migración del homérico, lapicera de puñalada que afirmó con latines de antebrazo para ocupar la humita, la vagancia perfecta, el orate bilabial, y alcanzar con el diarero de carpaccio la nuera-arponero que emitía el meloncillo de salame del plan.

Aquí jaimitadas y gencianas como mediofondistas de rivera.

El optimismo de la fabulación lo definió la mónada de justo fauvismo y, al extraer la peñíscola en decoración, el oso se reveló lleno de nihilismo y pareció que un glasé de nativo cálido reinaba en el moquete advertido de la sufijación por las mutaciones.

  1. [1] OuLiPo: siglas en francés de Taller de Literatura Potencial; mantengo la denominación gala por ser más conocida que la traducción TaLiPo. El sitio oficial es www.oulipo.net.

La constitución de la primavera

Hacía calor y lloviznaba como una bendición erótica.
Las gotas microscópicas de agua, templadas por la contención del aliento de la neblina que ellas mismas tejían, pulsaban milímetros cuadrados de piel a temperaturas insensiblemente diferentes para constituir en el conjunto una variedad excitante (es la palabra exacta) de caricias absortas, adsorbentes, y a ellas se agregaban las salinidades del sudor y la saliva, de suerte que la estación se definía, por fin, palpable en moléculas e iones, carnal, real, animal, como la eyaculación de un sueño.

El puente

Los miembros de la caravana parecían haber adoptado hábitos y medios de transporte de lugares muy distantes entre sí. Era una tribu transparente que venía de muy lejos. Llegaron un día de primavera y se establecieron en un claro a la orilla del río, allí donde el cauce era más estrecho y la corriente más tranquila y había una piedra pulida y blanca en medio del curso con una rara forma de estatua de hombre orante, como encargado de apaciguar las aguas, que lo rodeaban sin espuma ni salpicaduras, a diferencia de las rompientes que más abajo, a la vuelta de un meandro, servían de catapulta a los salmones. Alguno de esos peces fueron el plato principal de la fiesta que sucedió a la instalación del campamento.

No parecían dispuestos a permanecer allí mucho tiempo. Montaron tiendas con pieles y carretas, cavaron letrinas en la linde del bosque, moldearon un hogar de arcilla, encendieron fuego, asaron la pesca, repartieron vino y prolongaron el festejo hasta el alba. Eran gente rítmica y sensual. Tenían címbalos, crótalos, flautas simples y pánicas, rabeles, zanfoñas, timbales, sistros. Sabían cantar y bailar. Las hojas de las mimbreras vibraron con los encuentros. Como por hipnosis, el compás del sexo se acordó al paso del sopor y algunas parejas o conjuntos no cedieron en el empeño ni durmiendo.

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